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miércoles, 4 de mayo de 2016

CAPACIDAD DE CARGA (2)


La Señora Presidenta, como ya se sabe, empleó las palabras capacidad de carga, para referirse a nuevas condiciones de residencia en Rapa-Nui.  Mis amigas del área del patrimonio me señalan su conformidad con semejante  criterio. Se trata, me explican, de un concepto que se utiliza mucho en arquitectura y planeamiento urbano.  Solo expresaba mi sorpresa por escuchar el pronunciamiento de la noción de parte de una autoridad,  que una dirigenta local reforzaba, conduciendo su argumento hacia una zona radical de exclusión y discriminación de un evidente  racismo invertido.  

Las palabras capacidad de carga  son empleadas por el mismo sector que en otros discursos  califica sus logros como habiendo ya construido  la obra gruesa de su mandato, que logró sobrepasar el rechazo que implicó  la palabra retro-excavadora, que ha sido puesta de nuevo en circulación en  el discurso de renuncia del diputado Pepe Auth al PPD. No deja de ser curioso que en Valparaíso, sus connotados correligionarios  emplearan –en el campo cultural- los mismos métodos  que él denuncia.

El uso de estas palabras  genera un cierto grado de inquietud en la ciudadanía (sic), ya que si nos atenemos a obras gruesas emblemáticas, hay que ver lo que ocurrió con el famoso Hospital de Ochagavía,  que permaneció durante décadas, justamente, en obra gruesa.  

El problema con la Señora Presidenta es el diseño, no solo de las terminaciones, sino de las habilitaciones efectivas que ponen en función un establecimiento.  La Señora Presidenta ya sabe de este tipo de afectaciones, a partir de su ejemplar experiencia escenográfica con el Hospital de Curepto. 

Un amigo del sector de la crítica y experto en Matta-Clark me ha enviado el link de un artículo aparecido en the clinic del 12 de junio del 2013, donde se hace estado de un  Informe de la Fundación de  Douglas Tompkins  que pone en alerta sobre infección de parásitos, bacterias y virus ISA en cultivos de salmones.  

¿Qué tiene que ver todo esto con el uso de ciertas palabras?

La respuesta es muy simple.  Según Héctor Kol, biólogo marino autor del estudio, “el error más grande es dejar funcionando una industria sobre un ambiente que tiene una capacidad de respuesta desconocida, ya que no hay ningún estudio que demuestre que en Chiule se pueden cultivar salmones. (…) Para Kol, los resultados están a la vista. Hoy en día “por cada kilo de alimento para salmones se liberan entre 600 y 700 gramos de materia orgánica, como desechos. Y todo eso está cayendo a un sistema que tiene capacidad desconocida. En ninguna parte se han hecho estudios sobre capacidad de carga”. 

Imaginemos el siguiente escenario. Por cada kilo de alimento para turistas en Rapa-Nui se libera una cierta cantidad de desechos.  Todo estaba cayendo hace ya mucho tiempo a un sistema que colmó   su  capacidad  de carga   y  le permitió a las autoridades centrales  tomar una decisión restrictiva. 

Esta es una buena metáfora sobre situaciones de excepción territorial en que el turismo promueve la producción de desechos  más allá de un punto crítico de recuperación del entorno.   ¿Cómo determinar dicho punto crítico?  ¿Qué elementos debieran ser  considerados para elaborar una hipótesis restrictiva temporal?  ¿Es viable, desde un punto de vista constitucional,  semejante decisión restrictiva sobre  circulación de personas? 

Enfrentamos una situación paradojal.  Cada fin de año, el turismo porteño promueve el arribo de centenares  de miles de personas  para  ver los fuegos  artificiales,  superando la capacidad de carga de la ciudad.   ¿Cuál sería el límite aceptable de ingreso? ¿Es posible plantearlo?  Aunque no es necesario recurrir al caso del Año Nuevo. 

En Valparaíso  ocurren –de tiempo en tiempo- algunos motines en el sector de  Cummins, Plaza Anibal Pinto y Almirante Montt.   Miles de jóvenes  no resisten la tolerabilidad de contención del sitio y son sobrepasados  por el malestar   del  síndrome de abstinencia. Entonces,   promueven su rápido acceso a situaciones limítrofes  de coma alcohólico, para luego   emprenderlas  contra el mobiliario público.  Son motines que se producen porque no se ha respetado  la capacidad de carga de dichos espacios.  

De modo que el uso, por parte de la Señora Presidenta, de la noción de capacidad de carga, ¿no permitiría acaso pensar en facultades  restrictivas  éticamente fundadas,  destinadas a generar condiciones de autocuidado colectivo  y respeto de la propiedad?   ¿Qué condiciones administrativas habrá que satisfacer para relacionar afectiva y conceptualmente,  iniciativas de  resguardo patrimonial con acciones de desarrollo comunitario?  Ciertamente, ¿quién tiene la potestad  sobre  cómo se define la capacidad de  carga social comprometida en el empleo no extorsivo del espacio público? 

lunes, 2 de mayo de 2016

CAPACIDAD DE CARGA


Durante la Unidad Popular, unos grupos de cantantes que saben perfectamente de donde son,  grabaron un disco que se llamó “canto al programa”. Harto malo. Musical y poéticamente. Nada comparable a la Cantata de Luis Advis, que a juicio de expertos cubanos en experimentación musical, era una obra conservadora. No solo por el respeto a la forma cantata, sino porque no señalaba tácticamente ninguna perspectiva de ensayo formal que  provocara una infracción de las formas clásicas. 

Manuel Guerra ha estrenado una canción para promocionar  el trabajo de cabildeo constitucional pro-gobiernista. Legítima pretensión que lo confirma como un cantor que también sabe de donde son los cantantes, reproduciendo la complacencia formal que lo inscribe como el bufón de corte que corresponde.  ¡Y con letra de Carlos Cabezas! Es de lamentar que semejante talento sea reducido a exigencias ilustrativas.  Los cabildeos son lo que son:  extensiones de la  doméstica práctica de manejo de las “mesas técnicas”, donde la sola aceptación de participación es una prueba de “violación” regulada y legalizada.

En el mismo instante en que Manuel Guerra estrena su nueva canción, la Señora Presidenta  -de visita en Rapa-Nui-   sorprende en su discurso con el uso de  palabras tales como  capacidad-de-carga.  La isla no tendría condiciones sistémicas para recibir a tanto turista,  cuyo ingreso discriminado  desnaturalizaría su carácter identitario.  La palabra turista  tendría que interpretarse, simplemente, como extranjero, incluyendo a los chilenos continentales, abriendo una discusión sobre la conversión de Rapa-Nui en  territorio de excepción, en el seno de la “república”.  Habría que impedir el acceso a la isla de contingentes de población cuya presencia, a juicio de algunos,   amenaza la permanencia de la lengua originaria.

DE todos modos,  es muy significativo el uso de la noción capacidad-de-carga.  En Valparaíso,   muchos lugares  suelen ser  excedidos en su capacidad de carga.  En un tiempo cercano, en condiciones de ocupación irregular,  hubo lugares que fueron colmados por un número de espectadores que sobrepasaron de manera extrema las condiciones de gestión territorial  relativas al manejo de poblaciones en espacios reducidos.  Esto es muy importante a la hora de intervenir en caso de situaciones que ponen en duda la atención a personas en riesgo.

Las  autoridades de  estos lugares  cumplen con las condiciones de manejo de poblaciones, asegurando el cuidado de éstas. La  capacidad de carga no debe ser superada para preservar la salud de los asistentes. O sea, es una cuestión de sentido común, garantizada por una normativa relativa a los usos de los espacios públicos.

Esto significa lo siguiente: si un teatro consigna una tolerancia de 350 personas, no pueden ingresar a él  más de 400. Se supone que hay un margen mínimo de exceso que es posible controlar, en caso de algún incidente, como por ejemplo, un corte de luz, un terremoto, un incendio, etc. Ello exige disponer de espacios de evacuación adecuados a partir de un cálculo de  flujo que  se calcula a partir de la ocupación de un determinado número de personas por metros cuadrados, entre otros factores. 

Sin embargo, un  funcionario-operador del CNCA hizo lo siguiente:  se comprometió a ocupar un teatro sabiendo que no podía exceder las 350 plazas, pero por las redes hizo una invitación abierta, de modo que un gran contingente juvenil se hizo presente. No era un concierto, sino la presentación de un libro sobre música chilena, que contaría con la participación de un grupo que interpretaría –según acuerdo- dos canciones, a título de saludo.

El operador del evento, no contento con extender una invitación cuya respuesta excedía la  capacidad de carga del lugar, convirtió la presentación del libro en un concierto encubierto, incumpliendo el compromiso inicial.  Los jóvenes llegaron en gran número y  triplicaron la capacidad del teatro.  Al ver impedido el acceso al teatro,  repleto en toda su capacidad, los jóvenes  hicieron manifiesto su malestar iniciando la vandalización del lugar. Los empleados se vieron obligados a llamar a Carabineros.

Sin embargo, el  funcionario-operador  que había  promovido directamente  la superación de la capacidad de carga del recinto, quiso suplantar a los empleados y obligarlos a permitir el ingreso al hall del teatro.  Semejante  irresponsabilidad  tuvo que ser contenida  y el operador  puesto en su lugar.  Sin embargo no trepidó en acusar a los  gestores del lugar  de prácticas anti-populares. 

Por no respetar su capacidad de carga, un teatro  santiaguino fue lugar de incidentes en  el curso de los cuáles   varios espectadores perdieron la vida. 

El relato de este incidente  en Valparaíso  adquiere  gran relevancia  después de las declaraciones  de  la Señora Presidenta, a propósito de la capacidad de carga de una isla  -que como toda isla-  se sostiene  en un equilibrio precario.  Por extensión, todo recinto en  que se maneje la noción de carga adecuada, debe aceptar  la hipótesis  que existe un tipo de discriminación razonable y legalmente  garantizada, destinado a proteger su reproductibilidad como espacio humano.

Ciertamente, una isla posee características  extremas en cuanto a la puesta en función del respeto de la capacidad de carga, aunque  esta idea involucra una discusión sobre  facultades constitucionales para hacer viable  semejante  propuesta. 

Un teatro no es una isla.  Un teatro está en la ciudad.  Lo más probable es que la noción de capacidad-de-carga no sea la noción más adecuada para hacer mención al desarrollo humano de Rapa-Nui.  Pero como fue empleada por la Señora Presidenta,  me he tomado el trabajo de hacer algunas comparaciones.  

domingo, 1 de mayo de 2016

ESTRATEGIA DE ESCRITURA

 
La última columna  subida a este blog  fue publicada el 10 de noviembre del 2015.  En ella hacía mención a mi participación en  el Homenaje a Pasolini, que había tenido lugar el 5 de noviembre en La Sebastiana. 

Desde el 22 de noviembre comencé a escribir en un nuevo blog, destinado a dar cuenta de mi trabajo analítico en la escena artística santiaguina.  De hecho,  la primera columna de este nuevo espacio editorial estuvo orientada  a tratar un tema  historiográfico, que provenía de la ponencia que presenté en la Pinacoteca de Sao Paulo,   el 13 de noviembre,  sobre un caso polémico específico   que se remontaba a la coyuntura plástica de 1984,  en el marco del envío chileno a la Vª Bienal de Sidney. 

De este modo,  durante estos últimos meses he mantenido dos blogs; uno, metropolitano; el otro,  regional.  El primero, destinado al análisis de las imposturas de los máximos operadores de la escena plástica.  Me refiero a las imposturas analíticas, por cierto. Es lo único que puede ser objeto de estudio en relación a las maneras que tienen de acumular fuerzas y ofrecer prebendas.  El segundo blog quedó “retenido”, a la espera de considerar que era necesario su re/puesta en movimiento. 

Desde noviembre  hasta el día de hoy he mantenido  estas dos vías desiguales como una forma de ampliar los términos del análisis  considerado en la edición del libro ESCENAS LOCALES,  publicado en septiembre del año pasado en Córdoba (Argentina) por Editorial Curatoria Forense.  

El 24 de octubre presenté dicho libro en CASA/PLAN, en una situación muy curiosa. A raíz de problemas que tuvimos en la aduana, no llegaron los ejemplares, de modo que Marcelo Mellado y Carolina Olmedo  presentaron  el libro en ausencia.  

Siempre es atractivo y no menos arriesgado presentar un objeto que no está, y que sin embargo convoca a los asistentes a cumplir con la ceremonia de  saludo.  Al final del encuentro y camino al Cariño Malo,  me saqué  una foto  con mis hijas frente al carrito del Compañero Yuri, que por lo demás, estaba cerrado.  




Ese día,  Ritta Lara había preparado una extraordinario caldo de patitas de pollo. ¡Era lo que necesitaba para reponerme de la presentación del libro!





Para colmo, en enero de este año me enteré que me había ganado, junto a Editorial RIL,  un fondo para publicar ESCRITOS PORTUARIOS, que  reúne en parte significativa de las columnas escritas para  justopastorvalparaiso.blogspot.cl  durante los años 2013 y 2015.  Pero, principalmente, durante el 2014.  Lo que pienso es que se les pasó, o no pudieron impedirlo, después de haberle ganado dos juicios a la directora regional, como operadora directa de las inconsecuencias e ineptitudes acerca de lo que todos ustedes saben. 

En las “fisuras del sistema”  es todavía  posible hacer algo. ¡Francamente! No hay fisuras, solo errores-no-deseados-pero-calculados-dentro-de-todo.

Lo único  que puedo decir es que  los detalles finales de esta edición ya están en curso y probablemente  el libro entre a la imprenta en los próximos meses, en Valparaíso, por cierto.

Sin embargo,  hay suficiente material analítico sobre la escena porteña que me ha hecho reconsiderar la situación de relativa retención editorial a que la había sometido, privilegiando –lo admito- la escena santiaguina.  De modo que,  en lo que a estrategia de escritura se refiere, mantendré en función  ambos blogs, porque no hay día que pase que no nos ofrezca un argumento  de primera magnitud para hacer avanzar nuestras investigaciones.

Un ejemplo de lo anterior se puede encontrar en las declaraciones de la Señora Presidenta en Rapa-Nui,  donde  hizo empleo de una noción muy curiosa. Habló de proteger la capacidad-de-carga de la isla.  Es decir, habló con la certeza de un ingeniero del tránsito, mediada por la  incerteza  de los controladores de multitudes.  Quienes recuerden todavía  la visita del Papa  tendrán la imagen de las “vallas papales” y de los corredores  establecidos para separar al público en cohortes manejables,  a objeto de impedir el efecto de estampidas y permitir el acceso rápido de ambulancias.  Esa era una manera de favorecer el empleo de la noción y disolver la energía de las masas  en el léxico propio del traslado de mercaderías, teniendo en cuenta el cálculo de las mermas.

Pero la Señora Presidenta llegó tarde. No le dijeron que el modelo de la saturación ya había sido instalado por Kevin Kostner y la ficción hollywoodense, como el modelo referencial de desarrollo que luego ella misma, gracias a la colaboración de Soledad Alvear, desplazó hacia Valparaíso, como ficción de manejo  de una impostura historiográfica de gran magnitud, destinada a  montar  la empresa de musealización de la epopeya de un enclave británico perimido, de cuyas ruinas solo es posible retener la pobreza y el naufragio. 

De este modo, la primera columna de este recomienzo, después de esta columna indicativa, está referida a la operatividad de la noción referida: capacidad-de-carga.